Los objetos que ornamentan nuestro entorno son extensión de nosotros mismos, por ello al intervenirlos artísticamente nos da la oportunidad de elevarlos simbólicamente mientras ellos nos elevan espiritualmente a nosotros.
Obras inspiradas en el misterio y en el valor oculto pero latente que reside en nuestro interior, contiene principios que recuerdan a la mítica tabla esmeralda o a los mandamientos bíblicos.